jueves, 16 de octubre de 2014

Crecimiento Personal


¿DÓNDE ESTÁ EL ORIGEN DE LOS MEJORES RESULTADOS?


El factor primordial para desarrollarnos en sociedad es el pleno conocimiento, aceptación y empatía con nosotros mismos.
La autoestima es ese amor que podemos ofrecernos a nosotros mismos y lógicamente será más elevado cuando vivamos en armonía y en equilibrio.
Todas las personas estamos convencidas, y en más de una oportunidad afirmamos “Que nos queremos y respetamos a nosotros mismos”, sin embargo hay muchos comportamientos que demuestran lo contrario, ya que con algunas actitudes nos auto-castigamos, muchas veces sin tomar consciencia de ello.

Los factores que influyen para desvirtuar nuestra autoimagen y nuestra auto-valoración parten desde temprana edad, con la educación de nuestro entorno ya sea familiar, escolar, social, religioso, etc.. y lamentablemente, dependiendo, de cómo hemos sido tratados y que información fuimos almacenando en el subconsciente, tendrá posteriormente la repercusión en la edad adulta, que nos conduce al éxito o al fracaso, marcando fuertemente en ocasiones sentimientos de “Culpa”, “Inseguridad”, “Miedo”, impidiendo la “Fuerza”, “Seguridad”, “Convicción” y “Poder”, para avanzar felizmente, sin ataduras en la vida.
La obtención de logros está íntimamente vinculada a la Autoestima.
Un ejemplo claro es un niño que es gordito y depende de si ha vivido el rechazo o la aceptación seguramente en la vida adulta se sentirá rechazado o aceptado.


Otro caso muy común que nos afecto a todos, en mayor o menor medida, es que cuando somos pequeños, todos tenemos algún sueño, ser bailarina, jugador de fútbol, piloto de fórmula 1, astronauta… y nuestros padres con todo el cariño y amor del mundo queriéndonos dar el mejor consejo, nos dicen: que no valemos para eso, hay que ser más realista, no disponemos de medios económicos… nos frustraron o nos bloquearon sin que pudiésemos advertirlo, puesto que solo lo creíamos, suponiendo que nuestros padres tenían razón y experiencia para aconsejarnos y así fuimos creciendo convencidos que cientos de miles de cosas eran imposibles de lograr. Estas limitaciones se fueron instalando como algo natural y normal y poco a poco dejamos de perseguir nuestros sueños.
A partir de ahí empezamos a vivir en función de los demás, de lo que dicen que es mejor para nosotros, permitiendo que decidan, que juzguen, que intenten cambiarnos. Lo peor es que aceptamos vivir así, por tal motivo vamos buscando inconscientemente la aprobación de los demás y quizá, no nos detenemos a plantearnos realmente que queremos o que nos gusta ciertamente a nosotros mismos.



Nos cuesta descubrir y apreciar el potencial sin límites que tenemos, para desarrollar y obtener todo lo que nos propongamos SER, HACER y TENER, en nuestra vida.
En última instancia, si quisiésemos buscar repuestas, tendríamos que escoger acertadamente quien haría una valoración fiable de lo que queremos mostrar. Si nos duele una muela vamos al dentista, si queremos una manzana jugosa vamos al frutero, si queremos comprar una camisa vamos a una tienda de ropa… reflexionemos a quien le vamos a pedir alguna opinión y en que medida la vamos a tener en cuenta, puesto que en última instancia SIEMPRE debe prevalecer nuestra determinación.

Otro error muy habitual que cometemos, que deteriora nuestra Autovaloración, es el caso de traer al presente el mal recuerdo de algún fracaso del pasado y tomarlo como referencia, para dar por sentado, que en una situación similar del presente, obtendremos ese mismo resultado, posiblemente nos etiquetamos, evaluando de modo generalizado y nos convencemos de esa mal puesta “etiqueta”, como por ejemplo “No sirvo para nada”, “Nada me sale bien”, “Nunca puedo lograrlo”…
Podemos mejorar esta situación, si por el contrario, usamos una reflexión adecuada, primero, que el hecho de que algo saliera mal o no tan bien en el pasado, no es indicativo que se repita de la misma manera, y segundo que un fracaso en sí, no es una derrota, en todo caso sirve para mostrarnos que debemos modificar las formas o el modo, para mejorar el resultado, la próxima vez que se intente.




Cada circunstancia es única y encierra en si misma muchas posibilidades de acción, ante el surgimiento de un problema.
Si somos capaces de cambiar el enfoque, descubriremos, que nuestra predisposición y de hecho nuestra actitud, cambian. Si a partir de este momento a la palabra “Problema”, la sustituimos por la palabra “Desafío”, podremos advertir que nos preparamos de modo diferente para resolver la dificultad, puesto que se apodera todo nuestro ser de una poderosa energía positiva, que nos pone de manifiesto que “Yo soy muchísimo más grande que el problema y esta insignificancia, no va a poder conmigo”


“He descubierto 10.000 formas de demostrar cómo No se fabrica una Bombilla”


-Edison-


Adry Restelli

No hay comentarios:

Publicar un comentario